
Conservadores revisan hongos, acidez, roturas y metales oxidantes. Documentan riesgos, intercalan papeles neutros, alinean pliegos y protegen pigmentos sensibles. Ese cuidado previo permite una captura fiel sin tensiones, reduce manipulaciones y prolonga la vida física, equilibrando acceso digital con responsabilidad patrimonial compartida por equipos multidisciplinarios comprometidos.

Se emplean escáneres planos, cámaras de formato medio o fotografía aérea sobre cuna, según tamaño y fragilidad. Cartas IT8, iluminación 5000K y perfiles calibrados aseguran consistencia cromática. La nitidez revela fibras de papel, filigranas y correcciones, útiles para fechar, autenticar y estudiar técnicas pictóricas y materiales históricos.

Imágenes multiespectrales, reflectografía infrarroja y luz rasante destacan bocetos ocultos, tinta ferrogálica desvaída y marcas de agua. Estos registros, enlazados a la imagen base, abren nuevas lecturas para paleógrafos y botánicos, y entusiasman al público con descubrimientos sorprendentes dignos de compartir en redes y exposiciones interactivas.